Kath seguía durmiendo a pesar de que el sol de verano ya entraba con fuerza por la ventana de su cuarto. Soñaba que estaba en la playa, sonriendo, y Harry se acercaba lentamente hacia ella. Cada vez más y más disminuía la distancia entre ellos, hasta que estaba frente a él, cara a cara.
-Kath...-susurraba él con dulzura.-¿Sabes que te quiero y que siempre te he querido?...
-Harry...- logró pronunciar ella.
-Pero debes despertar.- le dijo cogiéndole la mano.
Después de un instante de silencio, Kath dijo.
-Déjame besarte.- se arrimó más a él y sus labios se acercaron, centímetro a centímetro. Cuando ya se rozaban, la imagen de él se volvió borrosa y sus ojos se abrieron, somnolientos... para toparse con los de Niall. Kath gritó y se cayó de la cama, arrastrando la manta con ella.
-¿¿Q-qué haces aquí??- logró balbucear agarrada a la manta.
-Pues yo... venía para despertarte, porque ya son las diez de la mañana, cuando te he cogido la mano y te la he movido un poco para que abrieras ya los ojos. Entonces has dicho algo como: “Déjame besarte...” y te has acercado a mí, y...
Kath continuó en el suelo, muerta de vergüenza y notando que se ponía colorada. Dominada por la humillación, cogió una sandalia y se la lanzó a Niall gritando:
-¡¡¡FUERA DE MI CUARTO!!!
Él salió como un resorte sin entender nada, y dolorido por el golpe de la sandalia en su cabeza. Harry se cruzó con él en ese momento, saliendo del baño.
-¿Qué ha pasado?- preguntó sin rencor, solo amodorrado y curioso. Niall fue a responderle con una frase cortante, pero se sentía algo confuso por lo ocurrido.
-Nada... mujeres, no hay quien las entienda.
Harry sonrió y Niall le imitó con sencillez. Puede que un conflicto de amores no separara su amistad después de todo. Harry siguió su camino hacia el salón, secándose el pelo con una toalla, y Niall se agachó para recoger la sandalia, culpable de un buen chichón en su cogote. En ese instante, la puerta del cuarto de Kath se abrió y ella asomó la cabeza.
-Perdón... susurró.- es que me has pillado en pleno sueño fantástico...
-Bah, no es nada.- respondió él dándole la sandalia y frotándose la zona dolorida.- la verdad es que tienes buena puntería para estás cosas.
Kath rió tímidamente y se metió de nuevo en su cuarto.
* * *
Kath leía un libro, “Orgullo y Prejuicio”, totalmente absorbida por la lectura, metida en la emocionante historia que contaba. Por casi le dio un infarto cuando Niall apareció a sus espalsas y gritó:
-¡Bu!
Kathleen se levantó como un resorte, con el corazón latiéndole a mil por hora, para luego bufar:
-¿Es que te ha dado por asustarme a cada segundo?
-¿Qué lees?- le preguntó él ignorando su pregunta anterior. Ella cerró el libro dejando un naipe para saber por dónde lo había dejado. Le enseñó la portada, acariciándola con melancolía.
-”Orgullo y Prejuicio”
-Es todo un clásico...- dijo él con un tono de desinterés.- Suena a tostón total. ¿Cómo puedes leerte todo esto?
Lo cogió y pasó las páginas llenas de letras con incredulidad.
-Aunque no lo parezca es un libro es muy interesante.- respondió Kath quitándoselo de las manos y dejándolo sobre la mesa.- Además, ¿qué vas a saber tú, que no te has leído un libro en tu vida?
-Bueno... ¡una vez leí uno!¡Cuando tenía cinco años! Se llamaba... ¡Ah, sí! “Nuestro amigo el cocodrilo”.
-¡Oh, milagro!- exclamó ella con sorna.- ¡Niall James Horan se ha leído un libro!
-”Pues aunque no lo parezca, era un libro muy interesante”...- dijo él imitando su voz.
-Ja, ja... muy gracioso...
-¡Vamos!- le dio una palmada en el hombro.- Hace una tarde espléndida y tú estás desaprovechándola aquí encerrada en el salón.¡Ven fuera a que te de un poco el sol, hombre!Podríamos nadar en el mar... o ir en lancha si no te apetece mojarte... o pescar, si quieres algo tranquilo...¡o al manos mójate los pies en la orilla!
-Está bien... espera que coja un par de cosas y ahora salgo.
Dejando el libro sobre el sofá, Kath cogió su toalla verde con estampados surferos y su baraja de póquer, jamás se separaba de ella.. Cambiándose a una ropa más fresca, unas bermudas vaqueras por encima de las rodillas y una camiseta de tirantes blanca, y poniéndose el bikini azul debajo, tardó dos escasos minutos y salió por la puerta a la playa. Fuera, un sol brillante azotaba el ambiente como un látigo abrasador, arrancando destellos al mar límpido. El calor hacía que las olas frías resultaron terriblemente tentadoras, mientras el murmullo característico de la espuma lamiendo la orilla, hacía que la invadiera una sensación de paz. Cerrando los ojos aspiró el aroma a salitre y a tierra mojada... cómo le gustaba el aroma a verano. Parecía que la temporada de estudios estaba tan lejos... Alice salió en ese momento del agua, perseguida por Harry y Liam, empapados y sonrientes. Elena estaba tumbada cerca de la orilla sobre su toalla morada , tomando el sol y luciendo sus gafas de sol nuevas.La escena le recordaba a Kath la típica postal hawaiiana que muestra a sus turistas pasando un fantástico día en sus playas. Sólo faltaba un eslogan convincente:
“Hawaii, el Edén al alcance de tu mano”.
Entonces escuchó el sonido de una puerta abrirse a sus espaldas, y se dio la vuelta para comprobar que era Niall, con su bañador, camiseta banca, y descalzo sobre la arena.
-Bueno...¿Qué te apetece hacer?
-No sé... aún me lo estoy pensando...
-¡Niall!- Elena se enderezó y se subió las gafas para verle mejor.- ¿Te vas a decidir ya? Para eso te tumbas a mi lado para tomar el sol.
-Estoy esperando a que Kath se decida a moverse un rato.¡Va más lenta que una tortuga coja!
-¿Más lenta que una tortuga coja?- repitió Kath con tono irritado. Decidida a hacerle tragar sus propias palabras, tiró su toalla lejos de sí y comenzó a quitarse la ropa a medida que corría hacia la orilla.- ¡Ahora veremos quién es la tortuga aquí!
Sin darle tiempo a replicar, Kath se zambulló el las frías y cristalinas aguas del archipiélago Hawaiiano. Niall sonrió, dispuesto a seguir su reto, y la siguió quitándose la camiseta a medio camino. Kath nadaba con la velocidad y la elegancia de un verdadero delfín, pero Niall confiaba que no le sería muy difícil alcanzarla. Ponía sus energías en cada, todas sus fuerzas en cada bocanada de aire fresco, pero notaba que sus ánimos comenzaban a bajar en picado y la distancia entre ellos no disminuía. Cuando pensaba que había ganado un metro, Kath lo remontaba en unos segundos, y mientras el tiempo pasaba, él se hacía a la idea de que Kath sabía nadar muy bien. Cuando se dio cuenta de que no podía avanzar un solo centímetro más, paró y respiró hondo, dejándose mecer por las olas del mar.
-¡Está bien!- jadeó.- ¡Tú ganas! ¡Sabes nadar más rápido que yo! Y ahora, si no te importa, ¿podríamos volver a la orilla antes de que me de un paro cardíaco?
Kath se dio la vuelta, diez metros más allá, y sonrió de oreja a oreja viendo a Niall rendido, tratando de coger aire después de la carrera. Se había comido con patatas su falsa acusación; así aprendería a no meterse con Kathleen Williams. Antes de acercarse a él y volver, echó un rápido vistazo a su alrededor. La verdad es que no esperaba llegar tan lejos de la orilla. Calculaba que había nadado algo menos de cien metros, y eso era todo un récord para alguien como Niall, que no estaba tan acostumbrado a nadar. Entonces se percató en algo, a la derecha de la larga playa. Un acantilado se erguía decenas de metros más allá, rodeado de peñascos que sobresalían de la superficie del agua como los dientes de un tiburón gigante. En la pared de aquel gran saliente, crecían algas, sacudidas por las continuas olas que rompían contra ellas. Kath no pudo reprimir las ganas de ir a explorar.
-¡Eh!¡Niall!¿Por qué no vamos allí a echar un vistazo?
-No sé... a mí ya me has machacado suficiente, creo.
-¿No querías aventuras?¡Venga, vamos!¡Sólo serás unos minutos!
Kath volvió a zambullirse en dirección al acantilado y Niall, no sin un suspiro de resignación, le siguó maldiciendose a sí mismo y pensando: “¿Quién me mandaba sacar a Kath a la playa?¿Quién me mandaba?...” Varias brazadas más tarde se encontraba frente a aquella muralla de roca. Antes de que pudiera tomar aliento, una enorme ola le derribó, haciendo que aspirara un buen trago de agua salada. Cuando subió a la superficie, vio cómo Kath se aventuraba muy cerca de las rocas que rodeaban el acantilado. Demasiado cerca... Algo nervioso, advirtió a su amiga:
-¡Kath!¡Creo que esto es demasiado peligroso!¡Deberíamos volver!
Ella esquivaba las rocas con gran destreza, ignorando su comentario.
-¡Tranquilo!¡No pasa nada!
Niall escuchó un rugido. Se dio la vuelta y vio con horror cómo una ola de tres metros se abalanzaba sobre ellos, alcanzando ya las primeras rocas.
-¡¡Kath!!- gritó desesperado.- ¡¡Cuidado!!
Pero el aviso llegó tarde porque, sin que pudiera hacer nada para evitarlo, Kath acabó arrastrada por aquella enorme masa de agua, y su cabeza chocó con violencia contra una de las rocas. Sintió el impacto como una descarga eléctrica que le atravesó la columna y entonces perdió el conocimiento, hundiéndose en las embravecidas olas.
-¡¡¡KATH!!!
El grito de Niall, se perdió en la distancia, sin llagar a oídos de su amiga. Sin pensarlo dos veces; Niall se zambulló tras ella, empujado por corrientes que trataban de hacerle chocar contra las traicioneras rocas. Pero sacando fuerzas de flaqueza, impulsado por el único deseo de verla despertar de nuevo, luchó contra ellas y logró coger a la inconsciente Kath y subir a la superficie. Haciendo un nuevo esfuerzo se agarró a una roca con una sola mano mientras sujetaba a Kath con la otra. Notaba la sal del agua ardiendo en sus ojos, dificultando su visibilidad y sabía que no podría aguantarla mucho más en sus brazos. Finalmente logró vislumbrar un agujero, una cueva a medio metro de la superficie, rodeada de plantas. Nadó con un solo brazo, tratando de mantener el cuerpo de su amiga a flote hasta que consiguió aferrarse al borde de la gruta. Subió a Kath y más tarde se desplomó a su lado, sintiendo que él también necesitaba más aire. Cogió a su amiga por los hombros y la sacudió.
-¡Kath!¡Kath!¡Despierta!
Pero su cuerpo frío no se movía y Niall, a pesar de saber que necesitaba respirar hondo antes de hacer algún esfuerzo más, comenzó a hacerle el boca a boca a Kath. Pasaban los segundo y Niall no dejaba de insuflarle aire, a pesar de que se ahogaba a cada bocanada. Cuando ya pensaba que iba a tener que dejarlo si no quería acabar como ella, Kath se incorporó de un salto y comenzó a esucpir grandes cantidades de agua. Niall abrazó con fuerza a una asustada y temblorosa Kath.
-Kath, Kath... estás bien... gracias a dios que estás bien... Kath...
Ella le devolvió el abrazo aún con el miedo pintado en su rostro. Pasaron unos segundos en los que no dijeron nada, simplemente se consolaban sabiendo que el otro estaba bien, que estaba a salvo. Pero fue Niall el que se separó y la miró a los ojos.
-¿Estás bien?¡No estás herida?
-No, no... creo que no me ha pasado nada, estoy bien... gracias.
Kath calló, y permaneció mirándole a los ojos. Niall sintió cómo esa mirada la atrapaba por sorpresa, cómo se zambullía en aquellos ojos tal y como había hecho antes para rescatarlos. Su color pardo, mezcla del frío, sereno y duro castaño; y del vivo, alegre y brillante verde, le cautivó como una presa ante el cazador, una diana atravesada por una insólita flecha... justo en el centro. Era tal su sorpresa, su espontáneo asombro, que no se dio cuenta de que tenía la boca entreabierta hasta unos segundos más tarde. Apartó la mirada notando un repentino calor en las mejillas, deseando que Kath no lo hubiese tomado por idiota. Pero pareció que ella no se percató, porque lo único que hizo fue frotarse los antebrazos con ambas manos, temblando.
-Tengo frío...- dijo en tono inocente, pero Niall supo que no tenía nada de fingido.
-¡Ah!¡Claro! Estás empapada y en esta cueva no da el sol. Ven, vamos a salir fuera.
Niall le tendió una mano a Kath y ella la cogió con total confianza, con una confianza que ni ella misma se esperaba. Él asomó la cabeza y encontró un recodo por donde podrían bordear el acantilado. Sin soltarle la mano, bajó y ella le siguió de un salto. Paso a paso, tratando de no mojarse, llegaron a la orilla de la playa. Niall siguió subiendo hasta la parte más alta del acantilado, donde la arena era algo más gruesa y alguna que otra planta delgada crecía, pintando el paisaje de un tímido verde. Ambos se sentaron el uno frente al otro de frente al mar, donde el sol comenzaba a bajar para hundirse una tarde más en el horizonte. Kath sentía cómo el frío de sus dedos y el entumecimiento de los labios se despejaban gracias a los últimos rayos del sol; rayos que, según le contaba su padre de pequeña, eran los más cálidos. Aunque en su interior sabía que había algo que hacía ese momento especial. Algo... o alguien. Estiró los brazos y suspiró, sonriendo:
-Es preciosa esta puesta de sol, ¿eh?
-Sí...- dijo él en un susurro.
Kath le miró y, no sin antes vacilar, dijo:
-Gracias... me has salvado la vida. No sé qué habría ocurrido si no hubieras estado allí.-
-No tienes nada que agradecerme. He hecho lo que cualquier otra persona habría hecho.
Después de una pausa, Kath trató de continuar la conversación.
-Cuando os recogí a todos en el aeropuerto tu cara me hizo dudar... ¿Nos hemos visto antes?
-Puede...- Niall se dio la vuelta y la miró por primera vez en unos minutos.- ¿Íbamos al mismo instituto?
-A ver...- trató de recordar Kath. De pronto los recuerdos volvieron, tan nítidos como si fueran del día anterior.- ¡Claro! ¡Tú eras el irlandés de las pizzas!
-Sí. Creo que ese era yo.- rió él.
-¡Llegabas todos los días a clase tarde y cuando no traías los deberes decías que tus peces se los habían comido!
-Reconozco que no era una de mis mejores salidas...
Ambos comenzaron a reír. Ella se sentía bien hablando del pasado, y la compañía de Niall era mucho más agradable de lo que había pensado...
-Y tú, y tú...- se repetí Niall, señalándola y recordando.- Ahora que lo pienso si que me suenas de algo...
Acercó su dedo índice hasta tocarle la punta de la nariz. Kath comenzó a ponerse colorada sin quererlo, y desvió la mirada con una sonrisa tímida. Se sentía tonta por ponerse nerviosa por nada... ¿qué le pasaba?
-¡Ah, sí!- exclamó entonces Niall.- ¡Reconocería esas mejillas rojas en cualquier parte!¡Tú eras la empollona de matemáticas!
-Prefiero el término aficionada a las ciencias cuánticas...
Él dejó escapar una radiante carcajada.
-Vaya, vaya...¡Pero si no has cambiado nada! Recuerdo que en todas las clases de mates levantabas la mano para todo, más que en las demás clases. Y siempre que te elegían clavabas la pregunta con más exactitud que el libro. ¡Creo que te lo sabías mejor que tu nombre y tus apellidos!
Ella trató de sonreír con normalidad, pero el calor y el rojo de sus mejillas no desaparecía.
-Éramos unos críos...- suspiró.
-Sí pero...- Niall, con curiosidad, rozó los colorados pómulos de Kath. Ella se puso aún más roja, si cabe.- Sólo te ponías colorada cuando un chico te dirigía la palabra.
-Y-yo... bueno, yo...- tartamudeaba ella sin control.- Era la tontería más ridícula de...
-A mí siempre me pareció precioso...- la interrumpió él. Ella lo miró con los ojos atónitos y la boca entreabierta. El rojo de sus mejillas permaneció, mientras los segundos pasaban y ella no terminaba de creerse lo que Niall acababa de decir. Un muchacho del que apenas se acordaba y que nunca había hablado con ella excepto para saludarla o pedirle algún tipo de favor... le estaba diciendo que le gustaba cuando se ponía colorada... jamás nadie le había dicho eso. Niall volvió a quedar paralizado ante esos ojos que le atravesaban. Eran frágiles como dos pedazos de cristal, y sinuosos y atrayentes como las olas del mar. Un millón de cosquilleos le recorrieron de arriba a abajo y, por primera vez en mucho tiempo... Elena desapareció de su mente y de su vida. Ahora solo estaba Kath.
Después de unos segundos de tenso silencio, fue ella la que no pudo lograr aguantar la presión.
-Deberíamos volver... ¿no crees?
-Sí... pero... ¿nos quedamos al menos para ver la puesta de sol?
Le sonrió y ella esbozó una sonrisa. Permanecieron sentados, contemplando el disco naranja del sol fundirse con el recto horizonte del mar. En cuanto el último filo del astro hubo desaparecido, ambos comenzaron el camino de vuelta. Para asombro de ambos, pronto la incomodidad de hacía unos minutos desapareció y comenzaron a charlar y a bromear de camino a la casa. Kath le enseñaba las constelaciones que hacía años le mostraba su padre, y que relucían sobre ellos, mientras Niall contaba alguna anécdota divertida o algún chiste que siempre le arrancaba una sonrisa. Pasado el tiempo, vislumbraron las luces de la casa y unas figuras corriendo hacia ellos. Sus compañeros corrían hacia ellos, con la preocupación reflejada en los ojos. En ese preciso instante, la realidad se abalanzó sobre ellos como una ducha de agua fría. Niall sintió cómo el corazón se le aceleraba cuando Elena le lanzó una mirada de reproche y Kath comenzó a temblar en cuanto Harry posó la vista sobre ella.
-¿Se puede saber dónde estabais?- preguntó Liam en tono enfadado, en ved de preocupado. Niall y Kath se extrañaron de la frialdad con la que sus amigos les trataban, hasta que se percataron los dos al mismo tiempo... tenían las manos perfectamente entrelazadas desde que bajaron del acantilado. Las separaron al segundo, preguntándose incrédulos y avergonzados cómo no podían haberse dado cuenta antes.
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Esto ha sido un capítulo extra que escribióhace mucho una colaboradora de la novela, un saludo, Miss Horan, y nos pidió que lo pusiesemos. ¿Os ha gustado? Queremos saber si querrías más capítulos de este estilo. Esperamos tus comentarios, tus visitas y tus votos en las encuestas. Un saludo.
Vi & Liz

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